martes, 11 de diciembre de 2018

apuntes para la novela

vivo desde hace treinta años en una ciudad con la sensación cada vez mas clara de que no estoy viviendo de verdad. Estoy en un estado permanente de transición, pero anclada.  Uno puede vivir en anclaje pero en tránsito, Esa gran foto familiar en la  que estoy incluida en el centro y primera fila de nacimientos  de tercera generación una vez rota la formación, me aplastó  como una estampida de elefantes que uno ve llegar pero no puede correr porque sabe que es inútil, será aplastada.
El peso de las palabras es así de contundente.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

PdN

Puedo afrontar cualquier eventualidad con la billetera vacía y los pies hinchados. Sé lo que es surfear la dificultad diaria y mensual  y estoy entrenada para caminar dormida sin perder la orientación espacio temporal . Pero lo que no puedo afrontar con entereza es el repaso de un álbum de fotos familiar. Algo tendrán porque mi madre se recortaba a sí de las fotos bajo el pretexto de salir mal . Y no queda ninguna foto mía de infancia, porque según ella las rompí todas. Cuando mi hijo era pequeño sacar fotos era una decisión técnica,.  Encontrar la cámara, buscar luz, y llevarlas a revelar. La operación era similar a escribir la carta. Uno podía enviarla o no. Muchas veces escribía una carta solo para ordenar mis pensamientos respecto del ausente. Creo que con la fotografía analógica me pasaba algo similar. Sacabamos fotos compulsivamente, siempre con el deseo de perpetuar el momento, las personas, el cariño, la ternura. Pero luego no me atrevía a verlo materializado en el papel de fotografía. Aun conservo rollos sin revelar y las fotos reveladas están guardadas  en dos carpetas o álbumes gigantes. Uno quedó para mí, el otro para él.


Están las fotos de antes del nido y las fotos de la nidada.  Un viento sale de esas fotos. Y las imágenes mentales se multiplican, asociadas a sonido, sabor, textura, ternura , enojo. Algo parecido al llanto contenido se traba en la zona de la garganta pero como ya no lloro, queda ahí como una mosca atrapada entre la cortina y el vidrio. Una voz minúscula reprocha mi desorden perpetuo respecto de las cosas. Pero lo que arrasa como un huracán es la convicción de que aquello que se capturó por la cámara, nunca fue vivido  tal como es recordado.

viernes, 30 de noviembre de 2018

P d N


El piso  expresaba mi inestabilidad como si fuera una gran cinta de Moebius. Y en cualquier bucle me lo podía encontrar y con él mis sentimientos desconcertados. A esa edad el sentimiento iba más allá y más adentro de lo soportable. La realidad era un espejo roto en miles de fragmentos. La cuestión era elegir el fragmento adecuado  para capturar un poco  de uno y  montarse en un caballo sutil que se mueva como si no pasara nada. Pienso en la palabra sentimientos: sentir mientos. Sentir  con intensidad y construir mentiras para soportarlo. Y  por lo tanto creer que se siente esto o aquello por esas mentiras que han sido construidas ad hoc. La gran mentira es que esa fuerza tiene que estar destinada a alguien. De eso se han ocupado las viejas narraciones que nos llegan como mensajeras de la historia. Hay que amar para estar completa, pareciera. Hay que tener un hijo para estar completa, luego. Según como se han vivido esas mentiras uno podrá reír o no, al final del camino


La nariz era recta y descendía elegante hacia la línea de sus labios carnosos como un durazno en verano y los dientes bastante parejos para una  época en que no se invertía tanto en estética y simetrías futuras. No es un recuerdo sino intuición porque  nunca lo miré detenidamente de frente. Solo esas tres noches que nos encontramos después de los fastidiosos boliches a los que íbamos en manada con hombreras, revocadas al aceite como puertas y con toda la incomodidad posible. Lo mejor era volver y sacarse los zapatos en la gramilla de la casa triple 6. Todos dormían y dependía del viento  el olor del aire, salado o con jazmín del país. Los grillos, las torcazas, los benteveos, mezclados en el aire. Las masas de agua siempre haciendo de buffer. Si en ese momento hubiera  tenido que representar el paraíso era el mar. La laguna a quince kilómetros no representaba gran cosa. Una vez soñé que el arroyo que atravesábamos a la entrada se había convertido en un océano mediterráneo. De color celeste ilustración podía ver los cuerpos de peces dorados robustos como celacantos. En el sueño había corrido el mar o había creado otra masa de agua personal.   Después de sueños así el paisaje real me sabía deslucido, como verse en un espejo empañado. En esa época leíamos Platón asi que pensé en el engaño de la caverna.
Algo parecido ocurrió cuando lo miré de frente. No me pareció la gran cosa  elegante como cuando se iba. Se movía demasiado como si tuviera un tic en el ojo derecho. Y también tartamudeaba o pronunciaba mal no sé si la ese.  Pero algo me hizo pensar que era mi propia distorsión la que generaba esos errores de impresión

jueves, 29 de noviembre de 2018

Partes de una novela


El recuerdo de los  viajes en el  Cascarudo es color amarillo. El amarillo lo atribuyo a la potencia del sol del mediodía del campo que atravesábamos para llegar al mar. Antes pasábamos por  la laguna. Se trataba de agua de lluvia  atrapada en una cantera natural con vida independiente del mar que estaba a escasos 15 km. Esas contingencias del agua en el paisaje me extrañaban y despertaban  curiosidad. 

 En el patio de la casa tripe 6 había dos árboles: uno gigante donde anidaban las torcazas y el otro una acacia que sacaron para poder poner los autos de la familia que eran bastantes para tan poco patio. Compartíamos el patio con  dos casas mas-  La porción más grande era la del vecino de la derecha. Mi abuelo había construido un fogón que ocupaba gran parte del predio.  Eso fue una fiesta de entusiasmo para todos ya que  nos permitió reunirnos a lo que más le gustaba a esta familia, comer humeantes asados al asador. 

Todavía me acuerdo de la  mirada color caramelo de miel de verdad de mi abuelo, recorriendo  las paredes descascaradas e imaginando un futuro que por imperfecto no lo contuvo entre nosotros mucho tiempo más.Los ojos de una persona son fáciles de recordar para mí. Porque en verdad han sido pocas las miradas que me han despertado del sopor de la convivencia. ¿Han mirado a fondo la mirada de una vaca? Yo creo que es mirada de resignación genética y que cuando podamos descifrar o traducirla a lenguaje verbal nos haremos cargo de la sangrienta ley de de la Supervivencia del más fuerte que nos atraviesa. 

Los ojos de mi abuelo  son parecidos   a los de mi padre que en realidad son color cobre. Algo de la mirada de mi padre me recordó siempre el pedido de auxilio de mi abuelo frente a su propia muerte. Cuando mi padre estuvo en terapia intensiva tenía los ojos exprimidos de susto y gritaba sordamente, sacame de aquí. Pudimos sacarlo y aún puedo contemplar sus ojos  en profundidad.


Él también tenía los ojos color cobre. Y el pelo castaño. Tenía  un aspecto claramente integrado a su intelecto. Todo en él era bien llevado. Y evocar su silueta acercándose a mi casa me recuerda ese estado de privación de libertad que padecía en ese momento.  Saber que existía parado sobre sus pies, enfundado en su pellejo me daba felicidad y como dije,  una alegría saber que respirábamos el mismo aire. O pasábamos el mismo frío o mirábamos la luna. Teníamos eso en común y no era necesario nada más.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

partes de una novela (Pdn)

anidó hace una semana sin que yo me diera cuenta. Es pequeña y gris y puso dos huevos que dudo que prosperen aunque yo no pienso hacer nada por desalojarla de mi balcón. Todos dicen que son ratas con alas pero no voy a degradar a ningún animal que vuele. Recuerdo que en el árbol de la casa triple 6 había nidos de palomas  criadas sin smog y nosotros rompimos un  nido del que cayeron los huevos y se deshicieron como insectos pero de sangre roja. Nos dio tremenda culpa. Sobre todo a mi hermano que lo recuerdo llorando mientras decía que nunca más rompería un nido , cosa que no cumplió como todos los que nos hemos divorciado.

Desarmar un nido no es lo mismo que desarmar una casa . Uno puede mudarse porque vive solo y necesita hacerlo por trabajo o por no poder pagar el alquiler. Pero desarmar un hogar es desarmar un esqueleto de a tres . Un cuerpo gigante con metabolismo propio. Tres corazones, tres higados, seis riñones. Tres voluntades. Tres de todo. Eso es lo que duele: todo mucho más que cuando lo haces por  tu cuenta. Y uno se percata de todo lo que acumuló sin sentido también. Acaso la materia de los nidos sean las cositas que uno va acumulando con el paso del tiempo como una especie de atrapa sueños donde quedan capturadas las imágenes que nos atemorizan mientras dormimos. Cuando llega la hora de desmontar todo aquello se libera de modo enloquecedor y solo se trata de encontrar otro sitio donde aplacar esas imágenes.



martes, 27 de noviembre de 2018

partes de una novela

no recuerdo bien los detalles y aunque pudiera ningún recuerdo brilla tanto como la reconstrucción. Le agrego altura y color como si fuera una montaña de humanidad que tenía que atravesar con el cuerpo como si fuera un río rompepiedra o tal vez una morrena glaciar que va haciendo su propio lecho a fuerza de perseverar. Emanaba un brillo que solo lo da la creencia de que ese ser es brillante. Tan inteligente y perfecto como la encarnación del sueño de bienestar.
Los veranos de aquella época terminaban bien entrado marzo. Cuando las liebres y comadrejas corretean confianzudas por el jardín suponiendo que la casa ya había sido abandonada hasta diciembre que viene. Eramos una tribu que levantaba sus vituallas y corría por la ruta 3 hasta el campamento de invierno. Había que hacer cosas tan horrendas como terminar el ciclo educativo, aprender a socializar y demás.
Después de los fallidos bailes, me quedaba sola en el jardín esperando que apareciera con su cabeza castaña y su silueta enorme. A mí me encontraba tomando café en una taza azul. Era un tazón mejor dicho. Mis abuelos habían equipado la casa con toda la vajilla remanente. Esa taza azul, honda y generosa me habilitaba un café largo hasta bien entradas las siete de la mañana cuando el camión de la soda empezaba a hacer ruido con su caño de escape por la calle Traful

lunes, 26 de noviembre de 2018

Demora

El silencio absoluto o apenas interrumpido por alguna moto me produce una sensación de muerte tanto o más que la oscuridad . Insensata como siempre decido llenarme de prótesis cuando me parece que algo me amenaza. Mi madre está muy vieja. Tanto que me hinca en el cuerpo un imposible recordatorio: vos también. 
Pero acaso yo tengo otro modo de envejecer . Puedo pensar en una mejor manera o en mi propia manera. Puedo ir hasta el fondo más apretado y hostil para salir con la impresión de que fue por algo o que el universo es un docente arbitrario y caprichoso.  Es que tantos años de lectura me han hecho experta en auto ayuda. Para qué sino tanto artilugio. Sino es para poder caminar encorvada, pesada, arrugada, estropeada pero con dignidad.
Ese es un concepto muy de la nobleza . No perder la elegancia. Es usar cubierto y mantelería  con los tanques en la puerta de Paris. Yo me he alimentado de parada y  con la mano  porque comer es para sacarse el hambre. Pero a esta edad estoy captando el valor de los rituales. La demora tiene que ver con aplazar todo lo que se pueda el fin de fiesta.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Domicilios

Anoche soñé con mi departamento de estudiante fusionado con el departamento donde formamos una familia durante diez años. Todo estaba intacto desde la ultima mudanza . Con los ventiladores de techo, una pieza infantil con cartelería de "no pasar privado", cactus en el patio.... la sensación  de haber salido corriendo dejando todo porque se nos venía la lava de Pompeya.
El departamento de estudiante era un monoambiente a la medida de un cuerpo que solo buscaba dormir y esconderse  de los exámenes, la juventud, las pulsiones, las puertas que se abrían y yo cerraba abruptamente.
La casita interna donde anidamos durante diez años en un hogar que terminó emanaba clima de huida, nos costó mucho salir a los tres de allí. Aun lo tengo en mi corazón . Y aun lagrimeo por el dolor de tener que decirle "te dejo" o "me voy" o "no doy más.".
Dejé a una persona a la intemperie. O eso creí. El padre era un niño eterno que necesitaba, comida, orden y estructura. Pero, se nos juntaron y  multiplicaron las necesidades y hubo que priorizar.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Mis deseos no fueron órdenes


Sera que soy vaga de vagar. Si hubiera nacido hombre en la pampa argentina del siglo 18 hubiera sido gaucho. Mezcla de indio y criollo, nacido por violación y de casualidad crecido . Andaría vagando por la llanura, tomando mate y comiendo carne chamuscada. Seguramente hubiera tenido un caballo . Aunque no sé. Mucho trabajo también. Seria errante eso seguro. sin obligación sin patria, sin nombre y sin ley salvo el no matar si no es por defensa propia

viernes, 12 de octubre de 2018

El vuelo de la Boa

 me levanto con dificultad y me quedo detenida con la mirada fija hacia el Oeste. giro  la cabeza y me detengo mirando al Este. las ideas se contradicen. y operan como una radio enloquecida. mi cabeza como una radio de dial loco. ideas que petrifican. son tonterías . tengo que lavar los platos. combatir las cucarachas minúsculas de la cocina. arreglar la heladera que congela todo. hacer el bolso. salir a la ruta . mi hija en otro micro. tengo miedo. tendré miedo toda la noche. es grande . soñé que volaba. movía los brazos y batía las manos y me elevaba en el aire . pude recrear algo parecido al vuelo y se sentía bien. "vos sabés cómo hacerlo" me decía . y remontaba vuelo en arco por el aire. increíble, pensaba. pero estoy andando por el aire. mirá si me viera Leonardo, pensaba.

Cuando desperté sentía mis treinta kilos demás un poco más pesados. Así no voy a poder volar nunca. Ni siquiera caminar con dignidad. Acumulo personas como capaz de grasa. Esas personas me encierran en un sitio protector adonde no llegará ninguna mano impertinente. Ya no. Estoy soñando mucho con cosas perturbadoras. Mi cuerpo es un campo de batalla. Cambio el vuelo por el letargo y espanto gente amiga como moscas.