La abrazaba tan fuerte que le sacaba el aire. y terminaba dormida. Era tan calentito y arrullador estar confiada en los brazos de alguien que decía amarla por encima de todo y para toda la eternidad. Eso provocaba un efecto narcoléptico. Era como ya está. Se terminó todo. Estoy muy bien así. Mejor me duermo. Mejor no hablo. Mejor no hago nada a ver si destruyo este momento idílico con una palabra que le disguste. Con un hecho que haga demasiada distancia entre lo que él piensa y lo que en definitiva pienso yo. Por eso se quedaba calladita, arrulladita como un cachorro desamparado. Porque ese abrazo le hacía sentir agradecimiento. Mirá que afortunada que sos que me tenés a mí que te quiero tanto. Y así su sistema de atención se iba debilitando. Se replegó en un estado mitocondrial solo necesario para seguir respirando. Todo lo hacía por ella. Y eso la alejaba de sus propios sueños. Lo malo que de tanto dormir empezó a tener pesadillas.
Comentarios