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Trabajo de sueño

una canción obvia de cadencia habitual la letra  con el tiempo nos engatusará como una novelita romántica. Habrá entonces una frase obstinada y será trabajo  diario  sustentar la línea argumental. Mentira. Mentira, la verdad como dice la canción qué ves cuando me ves como dice la canción no hay nada detrás de mí no hay nada adentro no hay nadie detrás de mí no hay nadie adentro. La paz entonces de quien está solo la paz tropismo lógico del sobreviviente la  paz qué nana surgirá de la memoria para calmar el llanto del sollozo qué cadencia de impronta dactilar en la piedra de la mano en la cueva antes pero antes del fuego- Habrá un ritmo atesorado entre  tímpano y  garganta que enhebrará el aire de letras el sueño sabrá qué hacer.

Canción obvia

hay una forma sin duda pero habría que  romper las convenciones. Es todo aquello que ata y niega lo que pugna y canta victoria en el sueño, el olvido y la equivocación. Cuándo seré  yo, la parte visible la que conduzca tranquila los pasos al altar de éso llamado calma. Cuando acaso me torne de aire finalmente tanto viento huracán. Tanta palabrería y guión que se dicta noche a noche para decir  nada. Heme aquí servida a la mesa de mi yo  comensal tengo una manzana en la boca y tengo el corazón abierto con los ventrículos llenos de agua primera finalmente la parte más oscura es la que habla y se hace escuchar.

Eso tan caro

Un conejo que habría de ser cocido, como un girasol roto, supo ser  una liebre que se volvió  lívida de terror. Pero la vida engendra más y más. El conejo ha vuelto a la pampa y lo ha tomado el sol, bebido el agua y hecho el amor entre las cortaderas. Con las estrellas recuperó la visión. En la pampa toda una con el cielo y toda una con la escarcha, la liebre ha corrido, casi volado de felicidad de perder el nombre y el rasgo, ¿a quién le importan los taxones? Liebre de tierra y humo es su pobreza y riqueza. En doble dolor y alegría recuerde a sus amantes con ternura, la fría ternura del liberado
las plazas de La Plata son anchas. Hay una que tiene una araucaria invertida. Quiere decir tanto que se quedó muda. Respiro lenta y rodeo la plaza. Son seis cuadras de veredas desparejas. Casas bajas. Chicos volviendo de la escuela con el olor de las mochilas y chicles con ganas de largar todo para jugar. Pero la luz que se alarga para otro lado El aire se pone denso, como si trajera el soplo de una ballena austral. Pero en qué piensa. Si está acá y lo otro del otro lado sabe que está, sí, claro como siempre. Todo funciona bien. Seis cuadras: parque San Martín. Arbol quebrado. Perros en jauría debajo de las hojas. Saben generar calor . Los pinos y Ginkgos me respiran en la nuca. Voy apurada. Quiero llegar. A mi casa.

Solsticio

un yuyo helado rebana la luna. Es el ojo de la liebre en busca de refugio la que  ve la silueta del yuyo helado cortando la luna. Como la hoz  y un yunque en el aire helado  donde los cráneos de vaca hacen luz mala también festejando  el año nuevo de la tierra  que se llama  a silencio humus para abajo donde la napa de agua será río  que llevará mi  lecho  hasta el mar.

Cuidado, frágil.

siempre tuve miedo de perder a la gente querida cuando empecé a perderme yo  en ese miedo, la experiencia  de la dilución se hizo tan fuerte que me até con cadenas  al piso.  Con la gestación de un ser humano  reapareció el terror. Porque el amor es muy angurriento. Quiere tener todo bajo control.  La dilución se hizo más fuerte pero tenía que corporizar sí o sí.  Hay que alimentar, cuidar, alojar y generar confianza básica en el mundo. Creé apotegmas: si se rompen los seres humanos cómo no se van a romper las cosas. No te preocupes, todo tiene solución pensemos a ver.... encontrémosle la vuelta pero hay algo que sé que no tiene  retorno se acepta o no la pérdida final de uno  y de los otros.  Vamos a dejar que la gente recién nacida disfrute de nuestros juegos distractores de tanta verdad.

Encuentro raro

otra vez: aparecida  una golondrina fuera de época una mañana muy temprano  en mi habitación. No hace verano ya lo sé , me dije: hay que darle calor y la arropé en mi mesa de luz junto a Ted Hughes y Marosa. Qué rara es la biblioteca de quien no tiene casa. Los libros se pierden y desparraman mudanza a mudanza.  Como las aves migratorias supongo con varios nidos o descanso en el aire sostenida identidad a fuerza de costumbre de tanto volver y volver.  Finalmente, no se acostumbró  a mi vida desordenada y buscó el agujero por donde entró y se fue. Las plumas son para inflar alas en mi casa juntarían ácaros, pensé. Hiciste bien. Estas hecha para el aire.