el amargor del mate que a una la despierta y la ayuda a ordenar las cosas que caen sobre la cabeza en un listado sideral de cosas que debe hacer. El imperativo es tu invento. Si son cosas que la humanidad ha repetido cientos de veces en miles de años. Riega las plantas. Quién lo hará si no ella. Acomoda los papeles. Hay un intersticio por el que se ve a sí como una maquinita. Pero también como la silueta desnuda en el bolígrafo porno de su abuelo. La desnudez es interna. ¿De qué color somos por dentro? no hay color porque no hay luz. Mejor enviar todo el aire a las caderas que son las que hacen fuerza. La cabeza no sirve más que para incubar la inercia aspirante a ciénaga. Falta poco, se dice. Falta poco. Todo transpira.Se baña en sudor: la gran comunión urbana. El sudor de todos los que van hacia la fuente por las autopistas a decir: estoy aquí, es verdad. Tiene la sensación de que ha perdido algo para siempre. Una condición. Ser igual a todos podría llevarla a mezclarse definitivamente en la pasta asfáltica y sin sentido ya no sentir. Pero siempre en la masa hay un grano que rompe y de la cristalografía, surge un fenómeno, los pies en la tierra . Se llama . Los pies en la tierra.
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